El rostro de Jesús. Deseo de verlo

El deseo de ver el rostro de Dios es el hilo conductor que recorre toda la historia de la salvación, desde los salmos de David hasta el alma del cristiano actual. No se trata de una curiosidad histórica o de una abstracción poética; es el hambre de relación, de intimidad y de certeza que experimenta quien ha descubierto que la fe no es una teoría, sino el encuentro con una Persona viva. Para un católico maduro, buscar el rostro de Jesús significa educar la mirada de la fe para descubrirlo detrás de los velos donde Él ha querido ocultarse en esta vida, como preludio del día en que lo veremos cara a cara para siempre.


Algunas Ideas Clave


Propuesta práctica: "El Entrenamiento de la Mirada"

Con el fin de pasar del deseo teórico a la práctica diaria de la presencia de Dios, te propongo un triple compromiso para mantener los ojos del alma bien abiertos durante esta semana.

El Triple reencuentro con el Señor

Busca la cara de Jesús en tres momentos concretos de tu rutina ordinaria:

  • La mirada al Sagrario (El reencuentro real): Durante esta semana, no pases de largo por delante de una iglesia sin hacer una parada, ni que sea de un minuto. Entra, busca la lamparilla del Sagrario, fija la mirada en el lugar donde Él está y dile con toda la fuerza de tu deseo: «Vultum tuum, Domine, requiram! ¡Señor, quiero ver tu rostro, aumenta mi fe!». Deja que su mirada te purifique.
  • El personaje del Evangelio (El retrato escrito): En tu lectura diaria del Evangelio, no te quedes en las ideas. Haz una composición de lugar: mira cómo se mueve Jesús, cómo mira al joven rico, con qué finura perdona a la Magdalena o cómo sostiene la mirada a Pedro tras las negaciones. Elige uno de estos rasgos de su personalidad e intenta imitarlo en tu conducta a lo largo de la jornada.
  • El espejo del prójimo (El rostro exigente): Identifica a aquella persona de tu entorno familiar o laboral que te resulte especialmente difícil de tratar, que te caiga mal o que te exija un sacrificio extra. Cada vez que tengas que interactuar con ella, haz un esfuerzo mental y sobrenatural para ver detrás de sus imperfecciones el rostro de Cristo crucificado o necesitado de amor. Trátala con la reverencia con la que tratarías al mismo Señor.

Objetivo: Superar la ceguera de la rutina y de las prisas, tomando conciencia de que nuestra vida terrenal es un camino de encuentros con Jesús en lo oculto, que nos prepara para la felicidad plena de la visión beatífica del Cielo.